Y aquí estoy de nuevo bajo un árbol que he visto crecer, florecer y morir por cómo 20 años quizá, tratando talvez inútilmente comprender la transitoriedad de la vida. 

Creo que la existencia tiene sus extrañas formas de sacarnos de nuestro lugar acogedor, tanto así que romperá puertas o ventanas si es necesario. Nadie dice que la vida sea fácil, lo sé, pero existen tramos más complicados que otros, aunque muchas veces dependerá con el prisma con el que veamos y esto creo que es lo particularmente complicado ¿de qué manera nos enfrentamos a la adversidad? 

Josef Wittgenstein decía que “El mundo es la totalidad de los hechos, no de las cosas”  y creo que tenía mucha razón porque si bien existen episodios que marcaron tu existencia, debe existir la forma de que estos no afecten tu presente. Estamos muy acostumbrados a guardar hechos dolorosos en un cajón bajo llave en el lugar más recóndito de nuestra mente. ¿Pero acaso esos episodios no son parte de nosotros? Y ¿servirá de algo esconderlos de esa manera? 

 El filósofo Walter Benjamín escribió que nuestro pasado es como una estatua parcialmente destruida sin manos y sin pies en la que nosotros deberemos entender su ángulo y posición para así esculpir todo lo que le falta, es decir nuestro futuro. En otras palabras nuestro pasado sería una serie de hechos que no podemos ocultarlos ni cambiarlos pero si entenderlos para de esa manera trascenderlos. Ahora, la dureza con la que lo hagamos hará que estos hechos sean inmensos o manejables. 

Si nos fijamos estas heridas psicofísicas de vez en cuando debido a algún cambio abrupto o pérdida, emergen de manera intempestiva  y es cuando nuestro trabajo empieza, una a una saldrán y así mismo deberán irse comprendiendo no alimentando y esto es con remordimientos, culpas, rencores, quejas;  solo así no se fortalecerán nuevamente como un hígado que mientras más daño se le haga más capas protectoras desarrolla hasta que llega un día que está tan grande que ya no puede más y colapsa, años y años de lesiones causan su fin. 

Entonces es así que se irán desvaneciendo dejando de alimentarlas,  y tampoco digo que se borraran de la memoria, pero si dejaran de afectar nuestro presente. 

Talvez el sufrimiento es el camino revelador del conocimiento propio y si es así, deberemos verlo como algo magnificante y transformador. 

Creo que hay un párrafo de E. Becker que me gusta tanto que apenas lo leí caló tan profundo como pudo. 

“El hombre está literalmente partido en dos. Él tiene conciencia de su espléndida identidad única en cuanto a sobresalir de la naturaleza con una imponente majestuosidad, y aún así vuelve al suelo ciega y tontamente para pudrirse y desaparecer para siempre” 

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La impermanecia

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